
Ella siempre había deseado ir a la ciudad de Calanda en Navidad, se decía que era una ciudad pagana pero ella quería ver sus mil orillas mientras leía un libro de la famosa Gwynette. No le importaba lo que dijeran los demás, “el lugar sin Navidad”… Quería sentir el olvido, sentirse libre, no recibir por un día las llamadas de su Tía K diciéndole que ya era hora de que se casara, no recibir más quejas de su jefa (la petarda de Charruita) y poder beberse un Martini tranquilamente acompañada, si acaso, de su amigo Xiluso, y poder contemplar los dos juntos la luna en el agua.
Quería ir allí, quería oir la leyenda de Perséfone, visitar el temible castillo de Tanakil y de Bettina, o recorrer los caminos que en su día recorrió el valiente caballero Diego Rojas Ajmad cuando fue en busca de su amada Fiorella, princesa de Raisa, en compañía de su fiel escudero Xiluso. Quería ir "al lugar sin Navidad".
Un día, dejó su mente volar, se convirtió en mil deseos y esos mil deseos en mil mentes, esas mil mentes en mil mentes sueltas y cuando dejó su mente de volar … ¡ella trotó!. Era la Lady Laura de su propio cuento, había montado en su caballo, Galafer el magnífico, y lo espoleaba a la vez que le gritaba: ¡Jejo!. Pronto llegaría “al lugar sin Navidad”.
En su largo recorrido pasó por la maravillosa ciudad de Denia, en España, donde Gonzalo y su esposa Dudu la invitaron a comer sus famosos pimientos de Piquillo, pasó por Francia, por China, por Chile… por tantos sitios, tal vez tenía que haber mirado en un mapa donde estaba el “lugar sin Navidad” antes de emprender el viaje.
Ya llegado el mes de Abril su entusiasmo había decaído un poco, era una imagen curiosa verla cabalgar acompañada de un perro, de un gato y de un periquito. Es decir, de su perro Dudu, de su gato Ceudónimo y de su periquito Nat. Amigos que se había ganado en la ciudad de Mond… pero esto es otra historia que contaré otro día.
Un día, ya llegado otra vez el mes de Diciembre, fue despertada mientras dormía bajo un chopo por una hormiguita. ¡Casi la mata del susto!, tanto la una a la otra como la otra a la una.
- ¡Hola! -le dijo la hormiga.
- ¡Hola! –le contestó asustada.
- ¿A dónde vas?.
- “Al lugar sin Navidad”.
- ¡Ah!, ¡qué bien!. Yo también voy hacia allí, ya queda poco. Por cierto, me llamo María, la hormiga del Norte, o María del Norte como muchos dicen.
Nuestra viajera quedó un poco desconcertada porque nunca antes había hablado con una hormiga, no sabía de hecho que las hormigas hablaran, sí sabía que los perros, los gatos y los periquitos hablaban, pero eso de que hablaran las hormigas no era tan normal.
Los cinco, viajera y sus tres amigos y la hormiga continuaron el viaje hasta que llegaron antes las puertas de las más altas murallas nunca antes construidas.
- ¡Alto el paso! –dijo alguien desde lo alto de la muralla- ¡Me llamo Lara y soy quien permite la entrada y la… “¡achús!” …alida, la salida quería decir! –ella mismo sonrió por el estornudo que en momento tan oportuno quiso nacer.
- ¿Es esto el “lugar sin Navidad”?
- ¿Sin qué?
- ¡Sin Navidad!.
- Lo siento, aquí no comemos esas cosas, si es que eso es algo de comer –contestó Lara- Pero puedes entrar, ya casi es de noche.
Las puertas de la muralla se abrieron y nuestra princesa, que se llamaba Laura Baires se quedó sin voz la ver transformarse a la hormiguita. La hormiga era en realidad “María Noel”…. ¡la mujer de Papá Noel!.
- ¿Y ahora qué bonita morena? – le preguntó la mujer de Papá Noel.
- Ahora..., se supone que ya no es el lugar sin Navidad.
- Supones bien, tú me trajiste hasta aquí. Tú trajiste la Navidad, porque no hay sitios sin Navidad, solo gente que no se acuerda de la Navidad pero hay mucha más gente como tú, gente que formará parte siempre de la Mayendar.
- ¿De la leyenda, querías decir?
- No, de la Mayendar, de la Historia de la Navidad.
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